Unas sombras jugando y retozando alrededor, creadas por un pálida luz al centro de la habitación que titila entre periodos de tiempo, como marcando un compás con que danzaron hace años en otra sombra rectangular que se forma a la izquierda. Encima de ese objeto, un brazo y al seguirlo se observa un ya frío y sin vida cuerpo que está tendido en un piso más cálido que él.
En la otra mano, se observa un libro ya con varios años sobre él; por titulo “Ya no somos los de antes” de un autor que ya no se alcanza a leer, las letras del titulo que antes fueron doradas y en relieve no son más que un puñado de manchas, vestigios de un tiempo reluciente y próspero.
Recuerdo haber leido hace tiempo atras una reseña de ese mismo libro, el autor muestra como la naturaleza humana busca el cambio y como un sabio dijo tiempo atrás “lo único constante es el cambio“, entre historias cuenta como todo cambia, dos que hoy juran amistad eterna mañana ni voltean la vista, como incluso lazos de sangre se rompen por un simple cambio. Incluso pasa del amor eterno jurado al viento, a varios matemáticos hablando de teorias y del caos.
Luego, recorriendo el resto de la imagen observo una leve y pálida sonrisa en el rostro del individuo. Al parecer al salir al viaje, se fue feliz, que mejor que partir con una curva en el rostro. Y a su lado, una caja pequeña, como de 10 por 15 centímetros, obscura y con tonos más claros en su tapadera; aún guarda recuerdos que fueron los ultimos que estuvieron a su partida, o eso imagino por el estado revuelto de todos los papeles dentro de ella.
Me inclino para entrometerme en vidas ajenas, y en el papel que el destino muestra no hay más que un puñado de manchas de carboncillo, palabras en su tiempo -pienso- que significaron mucho y por lo mucho que significaron ahora no son nada, por que talvez las retuvo en sus manos y al leer y releerlas las fue borrando y no solo del papel. Talvez -imagino furtivamente- solo las cambio de lugar, copiandolas del papel, que puede perecer, a su recuerdo y que fueran ya solo de él, porque nadie más merece conocerlas, más que quién las dio. Y dejando ese vestigio de carta, y unas manchas que fueron oraciones que ahora son recuerdos, otro trozo de árbol muerto me llama la atención.
Cambiando recuerdos por hechos, encuentro un periódico doblado sobre un escritorio. Casí al final de la página leo un obituario y el nombre me parece familiar, un articulo sobre la vida de alguién -un alma vieja creo, por lo que estaba escrito un tanto cansada de la vida al parecer- que decidio dejarla, y me parece interesante que colocasen lo que dejo en su nota: “me marcho a ser feliz en otra parte, los quiero”.
Ahora entiendo, él al saber de esa alma había entendido la necesidad de felicidad, él sonrie y se alegra por ella y entre recuerdos, libros e ideas emprende su camino, con una curva en el rostro, hasta creo que los musculos de su cara habian olvidado el sentimiento de ese extraño movimiento, pero no hay nada como un último movimiento y que mejor que con él dibujar una figura de esas.
Y luego con esa idea, no hay más que ver; las demás cosas en la imagen salen sobrando, doy la vuelta y al salir entiendo que una parte de mi tenia que quedarse para que la otra pudiera seguir caminando, y un alivio pasa porque la parte que se quedó, esta sonriendo.






